EL SOL PRENDE LOS FUEGOS DE TU COCINA
El día 6 de junio de 2023, lo que tenía que haber sido una presentación más de un libro en el Espai Margarita Xirgu de la Biblioteca RFJ de Castelldefels se transmutó en un espectáculo que perdurará en la memoria de los espectadores.
Se trataba de hablar de Cúmulos de plutonio, mi último poemario que me ha llevado a Hiroshima con el patrocinio del Ministerio de Cultura, para reencontrarme con la historia de
la niña hibakusha Sadako Sasaki, quien popularizó la ancestral leyenda japonesa de las mil grullas de origami.
Con su historia, esas mil grullas se han transformado y renacido, pues ya no concederán un único deseo a quienes completen la cifra mágica, sino que cada una de ellas será un grito esperanzado por la paz del mundo y para que nunca vuelva otro Enola Gay.
Ese martes, como algo mágico, se unieron la danza, la pintura, la literatura y, sobre todo, la emoción, gracias a la creatividad y al sentir de la directora de Danzarte, Encarna Rodríguez.
Al día siguiente, ¡vuelta a la rutina!
Lúa me ha preguntado qué había hoy para comer y le he contestado que no lo sabía. Pero en la cara de Kalita, que es mucho más callada que su hermana, me ha parecido ver un ligero mohín de contrariedad. Estamos en el autobús, que cada mediodía nos trae a la salida del colegio, para ir a comer con su àvia, que ya estará en los fogones, esperándonos.
Al llegar a casa, se quitan los zapatos, una costumbre que hemos adoptado de nuestra familia japonesa, se ponen surippas, se lavan las manos y se visten las batas de estar por casa. Entonces, sigilosamente, se dirigen a la cocina a darle un susto a su àvia, que finge que no las ha oído llegar.
Tras el sobresalto, pregunta Lúa:
–Ávia!, què hi ha de menjar?
–Fideuà, carn de palito i un gelat –contesta María Ángeles.
¡Bieeen! Gritan alborozadas. Aplauden a la cocinera, saltan de alegría. L’àvia sonríe y vuelve a fingir que no se emociona.
Ocultas la risa,
penetras en el reino de las emociones.
El sol prende los fuegos de tu cocina;
tus manos acarician el alma,
en forma de guiso.
Felipe Sérvulo




